jueves, 6 de septiembre de 2012

¿De verdad me estarán saludando?

Quiay.

¿Qué hay? ¿De verdad me estás saludando de esa manera?. No, para mí eso no es un saludo, la próxima vez que lo hagas supondré que tengo cara de vendedor y que estás interesado en comprarme algo de lo que crees que vendo, así que como no lo soy, sencillamente no contestaré.

Probablemente te sentirás igual que cuando me dijiste “Hola, ¿cómo estás?” y yo te contesté con un seco “mal, gracias”; te quedaste de una pieza, no supiste qué responderme, ni siquiera lograste preguntar por qué, simplemente no te esperabas esa respuesta y lo único que lograste hacer fue expulsar una sonrisa tonta que en nada se compadecía con mi respuesta.

No sé por qué estoy por convencerme de que la mitad de las cosas que hablamos en un día común y corriente se limitan a la repetición de frases elaboradas sin sentido, a las cuales se les da un significado muy diferente al que realmente tienen.

En defensa tuya te cuanto que alguien también intentó un saludo, por llamarlo de algún modo, más cool, preguntándome “¿cómo vas?”. Pues yo le contesté preguntándole que a dónde y simplemente no entendió mí respuesta. Ese saludo para mi sugirió su deseo de conocer cómo voy, es decir, cómo ir, y el ir es dirigirse hacia algún lugar, por eso le contesté de esa forma, porque mi respuesta en ese caso puede ser muy relativa, voy al trabajo en bus, a la tienda a pie y de vacaciones en avión o en carro.

Ah, pero no te preocupes, los hay peores aún.  Hace poco encontré a alguien que me saludó con un simple "entonces". Ahí si me quedé en silencio, completamente perdido e imposibilitado para responder algo. Estoy seguro que pensó que yo soy un grosero, un orgulloso, o que estaba enojado por algo. Pero no es así, realmente yo esperaba que el "entonces" fuera un conector que diera continuidad a una historia que me había estado contando y que no había concluido, pero en ese mismo momento yo no lograba recordarla y mucho menos lograba entender por qué de un momento a otro sin ni siquiera tener la cortesía de saludar la iba a reanudar.

Algo más popular y masculino es el “¿bien o no?”. No, de ese no vale la pena decir mucho. Para mi es incomprensible también, ni siquiera sé si están preguntando por su apariencia o por la mía, por el clima, el tráfico o algún trabajo realizado, por las tareas de sus hijos o por las calificaciones de alguien que conocemos en común.

Finalmente, ¿cuántas de las personas que saludo en un día realmente se interesan por saber si estoy bien o no lo estoy?

Bueno, pero ya basta de criticar todo, me da pena contigo. Comencemos nuestro diálogo ahora sí. Podemos hacerlo preguntándonos treinta y cinco veces mutuamente: “¿Y… qué más?” a lo cual nos responderemos siempre con un “bien gracias, ¿y tu qué cuentas?”. En caso de que con total sinceridad lleguemos a siete veces en constante repetición de estas frases, sencillamente asumiremos que no nos merecíamos más que un levantamiento de cejas acompañado de una sonrisa hipócrita y la continuación solitaria de nuestro camino.

Hum… ¿y qué más? ¿bien?