miércoles, 28 de septiembre de 2011

¿Positivo, negativo? ¿cuál?



Tomé el pocillo de café con la mano derecha al tiempo que aspiraba la primera bocanada de cigarrillo de la mañana, momento dichoso de todos los días, espacio temporal mágico para recordar que amanecí vivo nuevamente. En el muro de cemento, testigo inamovible de mis cigarrillos matutinos descargue el pocillo de café porque mi cigarrillo como siempre pedía la total libertad de mi mano derecha, como era obvio y después de un par de bocanadas de humo mi mano izquierda se animó a tomar el pocillo para dirigirlo a mi boca y saborear un sorbo de la caliente bebida.

Y es en este punto donde esta historia cobra su verdadera importancia porque el pocillo fue sujetado no por la oreja sino por la parte completamente posterior a ella, es de esta manera que llega a mi cabeza la reflexión.

El sorbo de café fue tomado exactamente por el mismo punto en que había tomado el primer sorbo cuando el pocillo estaba sujetado con la mano derecha, es decir, que a pesar de haber cambiado de mano el pocillo, el punto en que mi boca se juntaba a él era el mismo; ¿por qué? Parece sencillo, simplemente mi pocillo estaba siendo agarrado por el lado contrario pero también con la mano contraria, matemáticamente esto se traduciría en el popular "negativo por negativo da positivo", un negativo es ahora mi mano izquierda, otro negativo es el hecho de tomar el pocillo por el lado contrario y el positivo es el efecto final de tomar el café por el mismo lado en que lo haría si todo estuviera en una condición normal. Se cumple entonces también el efecto matemático de "positivo por positivo da positivo", con un positivo representado en mi mano derecha y otro positivo representado en el hecho de agarrar el pocillo por la oreja, el resultado positivo como en el anterior caso es el mismo, tomar el café por el mismo punto en condiciones normales.

¿Y en el trasegar diario no es entonces lo mismo? No se trata entonces la vida de buscar siempre el lado positivo, la normalidad de las cosas, la ausencia de cambio? No trata constantemente el ser humano de darle la vuelta a lo que le acaban de dar vuelta? No estamos alerta al giro de las cosas para volver a girarlas de tal manera que resulten siempre mejor?

Finalmente lo importante es el resultado; positivo será la búsqueda de todas las personas, condiciones normales, ausencia de discusiones, votar por alguien normal, vestirse de la mejor manera o comer de forma elegante, trabajar en una empresa normal, llegar de forma correcta y en el tiempo que es al trabajo, en fin, todo lo normal del caso. El placer está en descubrir que como en la matemática hay resultados negativos muy buenos, por ejemplo, el valor de la aceleración cuando tu carro se va estrellar, también en la vida el negativo, la ausencia de normalidad, denota simplemente un cambio, una contraposición a los aspectos que el inconciente colectivo ha llamado "buenos" pero que la realidad del transcurrir de la vida te ha demostrado que no lo son tanto.

martes, 13 de septiembre de 2011

Un desayuno que vi

Y la gente finge, todo el tiempo finge, por ejemplo, un grupo de buenos muchachos de la alta sociedad (según ellos) se reúne en un lujoso restaurante de su ciudad a desayunar, ríen, discuten sobre los problemas sociales de su país y al respecto creen tener mil soluciones, falsas obviamente, no es difícil pensar en que no tienen solución para los problemas que ni siquiera conocen o han vivido en carne propia, vuelven a reír y un buen comentario hace que afloren nuevamente las sonrisas que dejan ver sus blancas dentaduras, el tema principal se esfuma, pareciera que los chistes los devuelven a su realidad, les da la tranquilidad de no ser parte de esos problemas sociales que discuten, ah bueno pero y en su interior realmente qué hay, casi con certeza me atrevo a afirmar que muchos de ellos están pensando en la cuenta que deben pagar, que muchos de ellos preferirían mojar el pan en su pocillo de bebida chocolatosa, por supuesto, la mayoría no entienden para qué hay dos tenedores de diferentes tamaños en la mesa, por supuesto, ellos fingen naturalidad, fingen que están muy acostumbrados a ese tipo de desayunos, fingen que es absolutamente normal frecuentar estos establecimientos, todos están extasiados por el gran momento que viven, por la excelente compañía en que están y en sus cabezas se tejen las buenas ideas de ser como sus compañeros de desayuno, muchachos de mundo y de buena vida, de ahora en adelante irán muchas más veces a desayunar o a almorzar allí, en su cabeza les remuerde el estar fingiendo y saber que es falsedad todo lo que proyectaron en esas jocosas sonrisas. Así se despiden, se dan la mano nuevamente entre sonrisas, se dicen que se tienen que encontrar pronto nuevamente y manifiestan la alegría del momento.

A los pocos minutos, sin convencimiento pleno acerca de lo que acaba de sucederles, ya sin sonrisas alrededor y con las llamadas pendientes por hacer recuerdan lo mundanos que son y se dan cuenta que mejor siguen desayunando en casa porque se aproxima el pago del impuesto del carro.

Hay en cambio un par de muchachos que poco sonrieron y estaban solamente pendientes de disfrutar el momento porque aceptan que no es algo de siempre y que no se repetirá prontamente, salen del restaurante, eructan de placer y se van a trabajar sin que les preocupe volver a ver a nadie, total, no hacen parte de su cotidiano vivir.