Y la gente finge, todo el tiempo finge, por ejemplo, un grupo de buenos muchachos de la alta sociedad (según ellos) se reúne en un lujoso restaurante de su ciudad a desayunar, ríen, discuten sobre los problemas sociales de su país y al respecto creen tener mil soluciones, falsas obviamente, no es difícil pensar en que no tienen solución para los problemas que ni siquiera conocen o han vivido en carne propia, vuelven a reír y un buen comentario hace que afloren nuevamente las sonrisas que dejan ver sus blancas dentaduras, el tema principal se esfuma, pareciera que los chistes los devuelven a su realidad, les da la tranquilidad de no ser parte de esos problemas sociales que discuten, ah bueno pero y en su interior realmente qué hay, casi con certeza me atrevo a afirmar que muchos de ellos están pensando en la cuenta que deben pagar, que muchos de ellos preferirían mojar el pan en su pocillo de bebida chocolatosa, por supuesto, la mayoría no entienden para qué hay dos tenedores de diferentes tamaños en la mesa, por supuesto, ellos fingen naturalidad, fingen que están muy acostumbrados a ese tipo de desayunos, fingen que es absolutamente normal frecuentar estos establecimientos, todos están extasiados por el gran momento que viven, por la excelente compañía en que están y en sus cabezas se tejen las buenas ideas de ser como sus compañeros de desayuno, muchachos de mundo y de buena vida, de ahora en adelante irán muchas más veces a desayunar o a almorzar allí, en su cabeza les remuerde el estar fingiendo y saber que es falsedad todo lo que proyectaron en esas jocosas sonrisas. Así se despiden, se dan la mano nuevamente entre sonrisas, se dicen que se tienen que encontrar pronto nuevamente y manifiestan la alegría del momento.
A los pocos minutos, sin convencimiento pleno acerca de lo que acaba de sucederles, ya sin sonrisas alrededor y con las llamadas pendientes por hacer recuerdan lo mundanos que son y se dan cuenta que mejor siguen desayunando en casa porque se aproxima el pago del impuesto del carro.
Hay en cambio un par de muchachos que poco sonrieron y estaban solamente pendientes de disfrutar el momento porque aceptan que no es algo de siempre y que no se repetirá prontamente, salen del restaurante, eructan de placer y se van a trabajar sin que les preocupe volver a ver a nadie, total, no hacen parte de su cotidiano vivir.
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